jueves, 29 de junio de 2017

El Tribunal Superior de Justicia de Galicia, confirma que es accidente laboral el ocurrido al desplazarse para comer fuera del domicilio

http://www.fep-usoc.com/2017/06/08/el-tribunal-superior-de-justicia-de-galicia-confirma-que-es-accidente-laboral-el-ocurrido-al-desplazarse-para-comer-fuera-del-domicilio/

La Justicia sigue ampliando el ámbito de aplicación del accidente in itinere.
El accidente ocurrió cuando la trabajadora, funcionaria interina en un colegio de educación infantil y primaria, volvía de comer en un restaurante para reincorporarse a su puesto de trabajo. El horario que siguió la trabajadora el día del accidente fue el suyo habitual, puesto que salió a comer tras su jornada de mañana, pero regresaba a las 15,15h para incorporarse en horario de tarde.
Proceso administrativo y judicial
Ante estos hechos, la Mutua responsable consideró que el accidente no podía ser reconocido como accidente de trabajo, en este caso, “In Itinere”, por no cumplir los requisitos establecidos en la Ley General de la Seguridad Social.
Ante esta resolución, la trabajadora presento reclamación previa a la Mutua, que fue desestimada. Asimismo, inició ante el INSS el Procedimiento de Determinación de Contingencias, solicitando la calificación del accidente como laboral, algo que el INSS no reconoció. Contra dicha resolución presentó reclamación previa que fue desestimada por el INSS.
La trabajadora interpuso demanda contra el INSS, la TGSS (Tesorería General de la Seguridad Social), la Mutua, y la Conselleria de Cultura y Educación, que fue desestimada, puesto que el Juzgado de Instancia consideró que no concurría el requisito geográfico, puesto que el trayecto que realizó la actora no era desde su domicilio al centro de trabajo y además no constaba que el desplazamiento realizado para ir a comer fuese realizado de forma habitual.
Recurso ante el Tribunal Superior de Justicia
Posteriormente se interpuso recurso de suplicación al Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Dicho Tribunal no compartía el criterio del Juzgado de Instancia puesto que en la doctrina, la referencia al domicilio habitual ha sido relativizada, de modo que lo esencial, no es salir del domicilio o volver al domicilio, sino ir o volver al lugar de trabajo, por lo que el punto de llegada o de vuelta puede ser o no el domicilio habitual mientras no se rompa el nexo causal necesario con el trabajo.
Es decir lo importante es la finalidad laboral del desplazamiento, en este caso, la vinculación con el trabajo es innegable y la trabajadora puede optar por comer donde prefiera. El Tribunal considera que, como hizo la trabajadora, se acomoda a unas reglas aceptables de comportamiento social el ir a comer a una localidad próxima sin acudir al domicilio, estimando el recurso.
Por ello declara que el accidente tiene carácter de accidente laboral “In Itinere” y que la trabajadora debe percibir las prestaciones derivadas de tal contingencia condenando a la Mutua a asumir sus responsabilidades. La sentencia de este Tribunal va en la línea de otras que recientemente han ampliado el concepto de accidente “In Itinere”, más allá de la interpretación restrictiva que desde las Mutuas se pretende hacer.
Como nos recuerda el Tribunal la noción de domicilio se amplía para incluir lugares de residencia, estancia o comida distintos de la residencia principal, siempre que se actué dentro de unos criterios de normalidad y que haya una conexión también considerada “normal” entre el desplazamiento y el trabajo. Es el caso de una sentencia que fue analizada desde la USO, en la que el Tribunal Supremo amplió el concepto de accidente “In Itinere”, al considerar como tal el de un trabajador que regresaba el domingo, día en que ocurrió el accidente, desde su residencia familiar en León, hasta Almazán donde residía entre semana, puesto que allí estaba ubicado su puesto de trabajo, con el fin de estar descansado el lunes al comenzar su jornada. En este caso el Supremo consideró el accidente como “In Itinere”, porque la finalidad principal del viaje estaba determinada por el trabajo, pese a producirse el día anterior al que empezaba el trabajo “puesto que éste fija el punto de regreso y se parte del domicilio del trabajador”.
En cuanto a los accidentes “In Mision”, interesante figura de creación jurisprudencial, también ha habido recientemente doctrina ampliatoria que hemos comentado desde la USO. Es el caso de la Legionellosis contraída en Thailandia por un trabajador destinado temporalmente en dicho país, pese a no estar relacionado presumiblemente su contagio con las tareas para las que fue destinado, el Supremo consideró dicho accidente como laboral, aunque en un primer momento ni el INSS ni la Mutua lo reconocieron así.
En el presente caso el Supremo entendió que no se puede afirmar que la enfermedad se contrajo en tiempo y lugar de trabajo, pero sí está claro que su contagio tiene una conexión necesaria con el trabajo, y por ello la contingencia profesional debe ser protegida como tal.

Mi opinión sobre el anarquismo



https://medium.com/@danilocastelli/mi-opini%C3%B3n-sobre-el-anarquismo-5bdcd8cf1ca6

El anarquismo se llama así por la palabra anarquía. La anarquía no es la falta de orden, sino la falta de autoridad. “La anarquía es la más alta expresión del orden”, como dice uno de los eslóganes anarquistas más conocidos, señalando que el orden puede ser voluntario y horizontal, no solo impuesto desde un arriba.
El anarquismo ha sido la expresión más radicalizada de la lucha libertaria (o sea, por la libertad de las personas), porque promueve el cuestionamiento de TODA autoridad y la crítica a todo lo que reproduzca la autoridad, ya sea “desde arriba” (las autoridades instituidas y todas las ideologías que la legitimen) o “desde abajo” (la actitud de siervo/esclavo contento, la conformidad con ser mandado y la ambición por mandar).
Este es el punto más fuerte del anarquismo y de por sí solo hace que su balance ante la historia sea positivo: la lucha de la humanidad por la libertad está mejor con el anarquismo que sin él. En muchas ocasiones el anarquismo ha sido la única corriente de pensamiento que se ha atrevido a cuestionar instituciones sobre las que existe un amplio consenso social, como el parlamento, las cárceles, los manicomios, la policía y hasta la escuela. El anarquismo ha cuestionado la autoridad no solo en el ámbito del Estado, sino en el de la sociedad civil (la familia, la monogamia). No se ha limitado a cuestionar a los gobiernos de tal o cual color político, sino al mismo Estado en sí.
Sin embargo, opino que como teoría y práctica de una revolución social que termine con el actual sistema de explotación y con toda forma de opresión, el anarquismo tiene serias deficiencias que trataré de sintetizar a continuación.
El idealismo
El cuestionamiento total del status quo y la propuesta de una sociedad libertaria ideal (anárquica) es la mayor fortaleza y a la vez la mayor debilidad del anarquismo. La mayor fortaleza pues expone el conservadurismo e incluso la hipocresía de las propuestas reformistas y algunas de las revolucionarias. La mayor debilidad pues no se ocupa de esclarecer con rigurosidad el conjunto de las condiciones históricas para la transición entre la sociedad propuesta y la actual, ni el camino desde el cuestionamiento total del status en principio quo a una praxis transformadora integral que pueda ejercerse en el día a día.
Al no realizar estas tareas, su oposición a lo existente permanece ideológica, su crítica del reformismo y de las propuestas revolucionarias resulta abstracta, su propuesta práctica para el aquí y ahora se resume a difundir y perseguir un ideal, y su idea general de la transición entre la actual sociedad y la sociedad anárquica depende de la esperanza en un único acto reivindicador -llámese revolución social, insurrección o huelga general- donde los seres humanos decidan, como despertándose de un sueño, libertarse de las cadenas de opresión de una vez y para siempre.
El proyecto de una sociedad anarquista se encuentra con justicia en la cúspide de las aspiraciones humanas de libertad, igualdad y fraternidad, y ciertamente ha servido para desnudar la mediocridad del reformismo y de algunos proyectos (y resultados) revolucionarios. Pero eso no le ha quitado razón a sus adversarios en la crítica de su idealismo.
La cuestión de la autonomía
Cuando el anarquismo se proyecta de manera revolucionaria-social, declara que su fin es una sociedad sin autoridad. Los anarquistas más lúcidos han señalado que para que esto funcione es necesario un alto nivel de autonomía individual y colectiva. Por lo tanto, el cuestionamiento a la autoridad por sí solo no basta, e incluso si mañana la autoridad desapareciera, eventualmente volvería a aparecer si la gente no desarrolla su capacidad de vivir libremente. Entonces: cuanta más autonomía, menos necesaria la autoridad y por lo tanto más cuestionable la autoridad que pisotea esa autonomía existente y perjudica su desarrollo ulterior.
Pero los anarquistas más dogmáticos encuentran problemático admitir que la autoridad pueda ser o haya podido ser necesaria, o que estratégicamente convenga cuestionar a una autoridad más que otra, y por eso subestiman o directamente ignoran la cuestión de la autonomía individual y colectiva: solamente se enfocan en que la autoridad (toda autoridad, y siempre) es mala y debe desaparecer/ser destruida.
El anarquismo hace un fuerte énfasis en la autonomía colectiva pero dice poco sobre cómo desarrollarla concretamente. Levanta por encima de todo el ideal de la anarquía e instiga la rebeldía incondicional a cualquier autoridad. Promueve la autoorganización, la horizontalidad (“ni dirigentes ni dirigidos”), y la acción directa (o sea, sin intermediarios). Pero esto es mantenerse aun en el reino de los principios (porque siempre se puede preguntar “¿y cómo?”). Repetir una y otra vez los principios no los desarrolla, los fosiliza.
Considero que es en el terreno individual e interpersonal donde el anarquismo ha avanzado más en la cuestión de la autonomía, y si fue así es porque tuvo la apertura de integrar aportes externos al anarquismo que no tuvo en el terreno de lo colectivo (al igual que la izquierda autoritaria de la cual se delimita, solo hace algunas décadas que el anarquismo ha tomado aportes del feminismo, el ecologismo, y la liberación animal/veganismo). Sin embargo, a pesar de que los aportes del anarquismo individualista siguen siendo útiles considerando el punto de partida (un mundo que nos ofrece una supervivencia incierta o la certeza del vacío existencial), están demasiado ligados filosóficamente al iluminismo burgués del siglo XVIII, que consideraba a la ignorancia como el mayor obstáculo al progreso de la humanidad. Los aportes que desde el anarquismo se han hecho a la cuestión del amor libre -por elegir una- hoy nos sirven más para aclarar teóricamente el problema que como soluciones prácticas. Estos temas se han seguido elaborando, pero por fuera del anarquismo.
El estancamiento teórico
Desarrollar la autonomía no es una cuestión voluntarista, implica un trabajo cotidiano (sobre uno mismo y con los otros) que se da en ciertas circunstancias históricas y donde los ideales y su difusión no bastan sino que hay que pensar y discutir sobre principios, fines, medios, eficacia, estrategia, táctica. Esto implica una capacidad de autocrítica y sobre todo de autocorrección, no solo en lo práctico sino en lo teórico. Pues bien, esto último no es lo que prima en el anarquismo.
En el anarquismo prima un conformismo muy alto con las ideas y métodos anarquistas, y esto atrae a gentes que creen que lo que basta para transformar la sociedad es aprenderse los ideales revolucionarios y difundirlos mediante la propaganda y el ejemplo. El esfuerzo intelectual que se hizo para llegar de las ideas heredadas del “sentido común” hasta el ideal anarquista, no se lo quiere hacer para ir del análisis de la experiencia a la actualización de la teoría. Cuando se parte de la creencia de que lo esencial ya ha sido pensado y que la acción debe limitarse a ejecutar las ideas, se cae en actitudes y prácticas sectarias: el principio y el final de toda acción ya no es la realidad que se quiere transformar, sino la doctrina.
Esta manera de proceder causa muchas frustraciones. Gran parte de las veces esas frustraciones se resuelven tirando el niño junto al agua sucia: se abandona al anarquismo y con él a todo cuestionamiento de la autoridad y ansias de transformación personal y social. El resultado de esto son aquellas personas que justifican su conformismo maduro con el idealismo que tuvieron en su juventud.
El concepto de praxis, realmente útil para articular las funciones de percepción, pensamiento, y acción, es rechazado por su origen marxista. Como también se da el caso de que la mayoría de los marxistas lo declama pero no lo practica, el círculo cierra.
Deficiente comprensión del éxito de la opresión
Desde el anarquismo (y afuera de él también) se sabe que la opresión no puede mantenerse sin una cierta colaboración/conformidad de las personas oprimidas. Muchas rebeliones no tienen como motivación buscar la libertad, sino un amo “más justo”. ¿Pero por qué pasa esto?
La aceptación de las autoridades instituidas y la reproducción de la opresión por quienes la padecen se deben a cuestiones psico-sociales complejas que deben abordarse concretamente, con un marco teórico que tengan en cuenta las condiciones macro-históricas y cómo estas influyen en los grupos humanos. Cuando no hay interés en profundizar la investigación de este fenómeno, y ya se ha renunciado a justificarlo con “es la naturaleza humana”, se tiende a pensar que la gente acepta el status quo porque es “estúpida”, “cobarde”, “borrega”, y otros calificativos que ponen a los anarquistas en un lugar elitista, por encima del “ganado” (no es casual la simpatía de algunos anarquistas por autores como Nietzsche).
La raíz de todo esto es que el anarquismo nació en un contexto donde la ciencia psicológica y sociológica no estaban desarrolladas, y era muy fácil inclinarse hacia el iluminismo y el voluntarismo (el conocimiento del ideal libertario bastaría para liberar las conciencias y el acicate de la voluntad de rebelión bastaría para romper las cadenas). Hoy esto es claramente insuficiente, y sin embargo el anarquismo no ha hecho grandes progresos en su teoría de por qué la mayoría de los oprimidos aceptan la opresión y la reproducen. Esta pregunta incómoda vuelve una y otra vez en los ámbitos de discusión anarquista, y es señal de un estancamiento teórico. Estancamiento teórico que es una de las consecuencias del sectarismo descripto en el apartado anterior.
El indiferentismo político y las tácticas invariables
La respuesta del anarquismo a este déficit ha sido conservar para sí un terreno de teoría y práctica “coherentes” con sus principios (propaganda del ideal, tratar de vivir de acuerdo a él, practicar y promover la autoorganización, la autogestión y la horizontalidad) y abstenerse de todo lo demás, ya que “todo lo demás” reproduce al sistema y legitima a la autoridad. En ese “todo lo demás” suele entrar la política.
Esto determina una actitud indiferente y neutral del anarquismo en gran parte de los asuntos sociales y políticos que son de interés para la mayoría de la población. También promueve una actitud de pereza intelectual basada en poner en la misma bolsa a toda autoridad de cualquier orientación política y en cualquier circunstancia, sin distinguir ni las grandes diferencias entre ellas ni mucho menos los matices. Esto lleva al indiferentismo político y a tácticas invariables justificadas dogmáticamente de acuerdo a principios eternos.
El indiferentismo político se resume en que “da lo mismo” izquierda y derecha, democracia y dictadura. Es rigurosamente cierto que hay rasgos comunes entre izquierda y derecha, y que la actual democracia es parcialmente una dictadura. Pero es totalmente sectario decir que son lo mismo o actuar como si así lo fueran. Esto ha ocasionado y todavía ocasiona que el anarquismo no sea tomado en serio -y con razón- por mucha gente interesada en política (e incluso en la gente interesada en una política transformadora, revolucionaria).
En cuanto a las tácticas invariables anarquistas, su ejemplo más palpable es el abstencionismo electoral. Cuando hay elecciones, se promueve el no votar o votar en blanco no porque se haya evaluado concretamente a los distintos partidos políticos en competencia y se encontró que a la población trabajadora le resulta lo mismo quien esté en el poder, sino porque “votar es convalidar el sistema electoral y por lo tanto al Estado”, entonces la actitud “coherente” es no votar o votar en blanco. El énfasis no está puesto en conseguir un cambio en la realidad, sino en ser coherente con una idea prefijada…
Esto tiene un daño bastante mayor que el de quitarle algunos votos a la izquierda: promueve la confusión entre la apatía y la rebeldía. Un no-hacer que el sistema puede asimilar perfectamente es visto como un acto subversivo. Los promotores del abstencionismo electoral (algunos de ellos no son anarquistas) ven con entusiasmo el crecimiento de los porcentajes de abstención y voto no-positivo como si señalara una conciencia revolucionaria en ascenso, cuando existen países donde el voto es opcional y los porcentajes de participación son mucho menores, y sin embargo la estructura social y el régimen político no son más cuestionados por ello.
Lo que los políticos del sistema quieren es que la gente no participe en política o participe de una manera funcional a sus intereses. Encuentran aliados insospechados en los anarquistas contrarios a cualquier forma de participación política…
El anti-marxismo
Como el anarquismo ha surgido condicionado por el antagonismo personal y político entre Marx y Bakunin en el seno de la Primera Internacional, esto ha significado que uno de los artículos de fe de todo anarquista sea el anti-marxismo. En la división -pertinente- entre socialismo libertario y socialismo autoritario, Marx -y todo marxista- queda del segundo lado por su enfrentamiento con el prócer Bakunin y por haberse atrevido a criticar el anti-autoritarismo y la concepción anarquista de la revolución social.
Consecuentemente, este “pecado original” del comunismo marxista hace innecesario su estudio -salvo como una forma de erudición para reforzar convicciones previas- y la diferenciación entre el marxismo original y el de la socialdemocracia, el del bolchevismo, el del stalinismo… Todo lo que sea marxista es malo, y todo lo que tome algo del marxismo está sucio. El aporte intelectual de Marx al estudio de la historia humana (conocido como “concepción materialista de la historia” o “materialismo histórico”) es o descartada junto con la parte “política” del marxismo o aceptada a regañadientes porque la alternativa es el idealismo o aceptar la historia oficial.
Sería injusto no mencionar que los marxistas también han aportado lo suyo a esta separación y que algunas de las críticas que se le han hecho al marxismo desde el anarquismo son ciertas. Sin embargo, esto es recíprocamente cierto también. Por ello los intentos de conciliar marxismo y anarquismo, de rescatar lo que tienen en común, o incluso de hacer una síntesis superadora de ambos, suelen ser vistos con indiferencia o con hostilidad por la gente que se identifica con uno de los dos bandos. Sin embargo, como en este texto hablo del anarquismo, quiero resaltar que la tradición anti-marxista ha contribuido bastante al estancamiento teórico del anarquismo y a una actitud mentalmente autocomplaciente en gran parte de sus partidarios, lo cual los vuelve refractarios a aportes intelectuales que no tengan el sello anarquista.
El autoritarismo velado en Bakunin y algunos de sus herederos
Bakunin correctamente previó los peligros de una futura revolución dirigida por intelectuales que resultase en una dictadura de los más sabios (o de quienes se percibieran como tales). Lo que Bakunin no vio es que tanto la praxis de la Alianza que él lideró como una revolución victoriosa siguiendo ese modelo significaría una dictadura de los más revolucionarios (o de quienes se percibieran como tales):
“… si somos anarquistas, ¿con qué derecho y con qué método podemos influenciar al pueblo? Si rechazamos todo poder ¿con qué poder, o mas bien con qué fuerza, dirigiremos la revolución popular? Una fuerza invisible -no reconocida por nadie, no impuesta por nadie- a través de la cual la dictadura colectiva de nuestra organización será más poderosa, y lo será más en tanto más invisible e irreconocida sea, o en tanto más permanezca fuera de la legalidad oficial.” (Carta de Bakunin a Talandier sobre Nechaev)
Este autoritarismo anti-autoritario fue llevado a nuevos extremos más tarde con La Plataforma, donde se propuso la creación de un partido anarquista (llamado de otra manera) para maximizar la eficiencia de las acciones anarquistas. Este documento/propuesta, escrito luego de la represión a los anarquistas en la revolución rusa, hace referencia numerosas veces a los bolcheviques y no solo para condenarlos por su dictadura, sino para utilizarlos como argumento a favor del partido anarquista en nombre de la eficacia organizativa.
“A pesar de que en los movimientos sociales las masas viven profundamente con las tendencias y los esloganes anarquistas, éstos, no obstante, se dispersan, no están coordinados con un sistema previo y, por lo tanto, no tienen la fuerza de una dirección ideológica organizada, que es imprescindible para guardar en la revolución social la orientación y los objetivos anarquistas. Esta fuerza ideológica directora sólo puede ser obra de un colectivo especialmente creado por las masas. Los elementos anarquistas organizados y la Unión General constituyen este colectivo.” (Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas)
Las actuales organizaciones que se reivindican “plataformistas” enfatizan aun más el aspecto partidario y terminan convirtiéndose en agrupaciones cuyas principales diferencias con las agrupaciones de izquierda son ideológicas más que prácticas.
España: la mayor prueba histórica del anarquismo
El desempeño del anarquismo en la revolución/guerra civil española ha demostrado el límite de lo que este movimiento puede aportar a una revolución contra el capitalismo. Allí se pagó cara la inexperiencia política legada por la tradición de indiferentismo político de las décadas anteriores. Cuando los dirigentes anarquistas se vieron obligados a ocupar puestos políticos luego de la insurrección del 36 (especialmente en Cataluña), las abstracciones idealistas del comunismo libertario de la época pre-revolucionaria se revelaron altamente insuficientes para la política del día a día. La falta de formación en una política con independencia de clase lamentablemente contribuyó a que los dirigentes anarquistas fueran influenciados por los políticos republicanos y del PC. El resultado fue una política anarquista donde, en nombre de los más altos ideales, se llevaba adelante una realpolitik totalmente funcional al stalinismo y a la burguesía. El POUM, con sus limitaciones, intentó aconsejar a la dirigencia de la CNT-FAI para que abandonara el seguidismo a estos sectores y llevara adelante una política revolucionaria independiente. Fracasó y, cuando fue el primer blanco del terror stalinista, la CNT lo vio como un conflicto entre marxistas en el cual los anarquistas no debían meterse…
Desde el anarquismo se han hecho críticas correctas a los bolcheviques como verdugos de la revolución obrera y campesina en Rusia y como preparadores de la dictadura stalinista, pero en cuanto a la revolución/guerra civil española la actitud anarquista suele ser echar culpas a todos los otros partidos (republicanos, socialdemócratas, marxistas -en los cuales se puso en la misma bolsa al PC y al POUM, al verdugo y a la víctima) y adjudicar el fracaso a los “errores humanos” en la aplicación de “la Idea”.
Esto es así porque no es posible sacar conclusiones radicales de la experiencia anarquista desde el anarquismo. Solo es posible hacerlo dando un paso atrás que implique mantener el compromiso con el proyecto revolucionario anti-capitalista pero viendo al anarquismo como una más -no la única ni la mejor- de las corrientes revolucionarias. Si se hace esto, uno reconoce que puede haber ocasiones donde hay que elegir entre mantener un credo revolucionario o actuar de forma revolucionaria.
Conclusión
Todo esto me ha llevado a concluir que como fuerza revolucionaria propiamente dicha, el anarquismo es altamente insuficiente (tanto en su versión anarco-sindicalista, especifista, plataformista, e individualista). Pero eso no significa que estaríamos mejor sin el anarquismo. Lo considero una fase necesaria y muy útil en el desarrollo del pensamiento y la acción revolucionarias. No hay que ignorar o abandonar al anarquismo, simplemente tomar de él lo que nos sirva y descartar el resto.
Lo que yo tomo del anarquismo son algunos principios para la acción política y para la ética. Los principios políticos son los del socialismo libertario, la autoorganización, la autogestión, la acción directa, y la horizontalidad. El primero de estos principios es programático y determina el grueso del proyecto revolucionario: “libertad sin socialismo es injusticia y privilegio, socialismo sin libertad es brutalidad y explotación” (Bakunin). Los últimos cuatro son de acción política y determinan el grueso de la praxis transformadora que busca realizar ese proyecto revolucionario partiendo del mundo actual. En algunas acciones esos cuatro principios son condición irrenunciable, en otras son horizontes hacia los cuales caminar. Para saber la diferencia, hay que analizar concretamente la situación concreta.
En cuanto a los principios éticos que tomo, son estos: mi libertad no termina donde empieza la del otro, continúa y se complementa con la del otro (también Bakunin); toda autoridad es cuestionable -incluso la mía; ser libre implica no ser esclavo ni ser amo; yo no puedo liberarme solo ni puedo liberar a otros, solo podemos liberarnos en comunión.

"Me voy sin saber": los fracasos en la búsqueda de los ajusticiados por el franquismo

Luis Vega Sevillano (88 años) no ha tenido la suerte de Ascensión Mendieta. El resultado del estudio genético tras la exhumación de la fosa común de Paterna de Rivera (Cádiz) donde creía haber hallado a sus familiares es negativo. No hay confirmación científica de que alguno de los restos óseos hallados corresponda a sus padres. Ascensión encontró a Timoteo. Luis sigue sin tener a Catalina y Francisco. Son los reveses en la búsqueda de los ajusticiados por el franquismo.
Porque  exhumar no es sinónimo de poner nombre y apellidos. El estado de conservación de los huesos y la posible alteración de las tumbas –por la dinámica de uso de los cementerios, las construcciones o el expolio– determinan las opciones de compatibilizar el ADN de las víctimas con el de los familiares que las buscan. Y no siempre es posible enlazar todos los eslabones de la cadena genética.
"La gran mayoría de las víctimas de la guerra civil no podrán ser identificadas", escribía en una columna titulada  Exhumar no es identificar el científico forense José Antonio Lorente, del Centro Genyo de la Universidad de Granada (UGR) encargado del banco genético andaluz. La "famosa prueba del ADN que tantos esgrimen como algo mágico y definitivo" tiene "limitaciones", matiza. Como ocurre en Paterna, debido "fundamentalmente" a tres factores: "el tiempo transcurrido, la naturaleza de las muestras y las condiciones del enterramiento", precisa su compañero Juan Carlos Álvarez, del departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la UGR.
El  trabajo arqueológico sacó de la tierra a diez personas y, con ello, la esperanza de Luis de cerrar su herida. El terror franquista le dejó huérfano, siendo niño, y más de 80 años después tenía a mano dar un entierro digno a sus padres. "Me voy sin saber", repite ahora como en una letanía mientras clava sus ojos ancianos en quien le lee el informe: su propio hijo, Juan Luis.

La importancia de casar los "eslabones" genéticos

"Lo que no ha salido por ADN no puede llevar nombres", explica el  antropólogo forense Juan Manuel Guijo a eldiario.es. El franquismo ejecutó a 43 personas en Paterna, arrojadas a fosas del cementerio local y en cunetas del entorno. Y todas las víctimas están "en un contexto abierto", es decir, que la investigación histórica "no ha conseguido aportar argumentos sólidos" de dónde está enterrada cada cual. La puerta a la identificación no se cierra del todo. "En un tiempo razonable" pudieran aplicarse "metodologías más sensibles" como los " equipos de Secuenciación de Nueva Generación" ya usados " en identificación de muestras muy complejas como las que tenemos en estos casos con resultados esperanzadores", refiere Álvarez.
Luis Vega durante la exhumación en el cementerio de Paterna. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Luis Vega durante la exhumación en el cementerio de Paterna. | J.M.B.
¿De quién son los huesos recuperados? "La dinámica de la represión hacía que no sólo los hicieran desaparecer físicamente sino también que las familias no supieran dónde estaban", en palabras del arqueólogo director del trabajo, Jesús Román. "Además la fosa fue alterada y removida parcialmente por la actividad funeraria en el siglo XX", sostienen. Esto, sumado al "paso del tiempo", explican la obtención de "eslabones aislados de la cadena de ADN". Una dificultad crucial para casar "las 17 coincidencias que sí permitirían poner nombres con seguridad", subraya Guijo.
"La mirada de mi padre la tengo grabada como un sol ardiéndome en las retinas cuando le hacía la lectura de los resultados del informe forense", relata Juan Luis Vega, hijo de Luis y nieto de Catalina Sevillano y Francisco Vega, asesinados por franquistas.
Sólo así sería posible desvelar la incógnita de la identidad. Si ahí estaba incluso María Silva Cruz, La Libertaria, la nieta de Seisdedos que logró huir de la  matanza de Casas Viejas y que Federica Montseny definió como "la encarnación y el símbolo del martirio de España". Su familia también busca a esa "carne sangrante de un pueblo crucificado" que escribía la política anarquista y ministra en la República. La Libertaria compartió celda con la madre de Luis Vega.
"La mirada de mi padre la tengo grabada como un sol ardiéndome en las retinas cuando le hacía la lectura de los resultados del informe forense", relata Juan Luis Vega, hijo de Luis y nieto de Catalina Sevillano y Francisco Vega, asesinados por franquistas. "Un día triste", califica, en el que la sensación de vacío se mezcla con la "satisfacción personal" de una lucha que ha logrado recuperar "a diez vecinos de los 43 que desaparecieron en aquellos trágicos y malditos días".
"Intentamos llegar hasta donde llegan las posibilidades científicas y la Universidad de Granada y el equipo que analiza las muestras genéticas son una garantía absoluta", refiere el director general de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía, Javier Giráldez.
Lo que no quita que suponga un trago indeseado en el organismo encargado de realizar las exhumaciones de fosas del franquismo en suelo andaluz. "Estamos en contacto directo con las familias en todo el proceso y en estos casos lo pasamos mal", precisa Giráldez. "En los casos duros es cuando se necesita arropar a los familiares y que responsables y técnicos den la cara, tal como se hizo el otro día", incide Juan Manuel Guijo.

"Mis niños", gritaba antes de ser asesinada

Lo último que Luis Vega recuerda de su madre es cómo gritaba "mis niños, mis niños" mientras unos falangistas la arrastraban escaleras abajo a una muerte segura. Horas después era ejecutada a balazos y su padre sufrió el mismo destino pocos días después. Catalina y Francisco yacían inertes y cubiertos de tierra. Luis, con siete años, y su hermano Francisco, de 23 meses de edad, quedaban "como el nido al que dan con una escoba".
Juan Luis Vega, hijo de Luis y nieto de Francisco y Catalina, ejecutados por franquistas. | JUAN MIGUEL BAQUERO
Juan Luis Vega, hijo de Luis y nieto de Francisco y Catalina, ejecutados por franquistas. | J.M.B.
"A mi madre se la llevaron delante mía. La llevaban por los brazos, con las piernas a rastras por la escalera. La apuntaban con una pistola como si fuera una fiera", cuenta Luis en el libro Que fuera mi tierra. El trágico relato familiar sucedió en un pueblo y una provincia, Cádiz, presa fácil para los golpistas. Ahí no hubo guerra, pero sí una represión a sangre y fuego.
"No he podido decirle a mi padre 'ahí los tienes', como le prometí siendo un niño", lamenta Juan Luis Vega. Es el sabor agridulce de abrir la tierra, vencer al país de la desmemoria, rescatar a víctimas del franquismo, y no poder cerrar por completo el duelo familiar. "Ya mi padre está más tranquilo, piensa que con el libro y los homenajes ya ha conseguido mucho, aunque esperábamos todo", confiesa, con la paz de haber rescatado del olvido "a personas que lucharon por un mundo justo e igualitario y por tener derechos dieron su vida sin poder disfrutarlos".
"No quiero morirme antes de que aparezcan todos", decía Luis Vega durante los trabajos arqueológicos, ampliando así su cicatriz vital a todos los asesinados por golpistas en Paterna. Los quería a todos y ahora tiene a un puñado y no a los suyos. Como le ocurrió a Ascensión antes de poder  enterrar a su padre y a otras víctimas del fascismo en un ejemplo de orgullo y vacío, de los reveses de la memoria. Ahora, como en una letanía de la que asoma tímida un rastro de esperanza, Luis repite: "me voy sin saber".

Darío y Maxi 15 años – Alberto Santillán: “Escuchás a Darío hace 16 años y parece que lo dijese hoy” (Audio)

Publicado en: 29 Junio, 2017

http://kaosenlared.net/dario-maxi-15-anos-alberto-santillan-escuchas-dario-16-anos-parece-lo-dijese-hoy-audio/

Por La Retaguardia
Darío y Maxi 15 años – Imágenes y Voces de dos jornadas para homenajearlos.
Darío y Maxi
A 15 años de la masacre de Avellaneda, en la que la policía asesinó a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en el marco de una represión ordenada por Eduardo Duhalde, el papá de Darío habló sobre la militancia, la vida de su hijo, la intimidad de un padre que siempre lo acompañó y la actualidad de algunas de las cosas por las que protestaba y alzaba su voz Darío. Fue en el programa A Mí No Me Importa, que se emite por Radio La Retaguardia, y en el que participan Lorenzo Dibiase, Julian Bouvier, Valentina Maccarone, Leo Guggé, Franco Valussi y Pedro Tato. Una larga charla de Santillán con un grupo de jóvenes que rondan la edad de Darío cuando fue asesinado.
-A Mí No Me Importa: ¿Cuáles son tus sensaciones a 15 años del asesinato de Darío y Maxi?
-Alberto Santillán: Lo que Darío decía 15 años atrás y las denuncias que hacía siguen siendo las mismas. Evidentemente, hay algo que no está bien. Pasan los años y por una cuestión u otra, nos siguen gobernando los mismos. En algo estamos fallando. No puede ser que siempre pase lo mismo. Por eso, vos escuchás a Darío 16 años atrás y el discurso es como si lo dijese hoy. Más allá de toda la lucha conjunta que hacen los movimientos sociales y toda la contención, evidentemente hay algo que no estamos haciendo bien. Yo llevo 15 años buscando justicia por mi hijo y hace 15 años que venimos ganando responsabilidades políticas. Sin embargo, desde la justicia y la política piensan y quieren que el asesinato de Darío y Maxi quede como un mero hecho policial. No fue un hecho policial sino algo perpetuado desde el Estado.
-AMNMI: ¿Quiénes son los responsables?

-AS: Hace un par de semanas atrás lo dijo muy claro Anibal Fernández, una de las principales espadas del kichnerismo durante Néstor y Cristina: si no hay una orden del Estado, la policía no reprime, ni la Gendarmería ni ninguna de las fuerzas. El aparato represivo siempre estuvo en las calles, pero se ha violentado mucho más con este Gobierno. La masacre de Avellaneda fue algo llevado del Estado nacional y el Estado provincial.
-AMNMI: ¿Se hace cargo Aníbal Fernández?

-AS: Lo mató su lengua. Yo creo que no se hace cargo de nada. En la última marcha de Memoria, Verdad y Justicia yo lo he cruzado y realmente es algo muy vomitable la forma que entraron a la Plaza. Encima lo ves a él y la ves a Hebe de Bonafini… Le tenemos un tremendo respeto a Hebe, pero hay cosas que no sé qué le pasa a esta señora. También ver a (César) Milani ahí…

-AMNMI: ¿Qué ha cambiado de hace 15 años para acá?

-AS: Las cosas no han cambiado, se han acrecentado para mal. Desde el lado de los movimientos, vemos que cada vez se suma más gente. Por un lado está bien que se sumen. Desde el lado del movimiento se le dan esas herramientas tan necesarias: El hecho de saber pensar; El hecho de saber por qué carajo nos pasa siempre lo mismo y por qué carajo siempre volvemos a los mismos.  A Los mismos tipos, los mismos políticos.
-AMNMI: ¿Cuál es la importancia de los movimientos sociales?

-AS: Uno crece con movimientos porque hay muchas familias que se quedan fuera del circuito laboral. La contención que tiene que dar el Gobierno nacional o provincial, no la dan. La dan esos movimientos de desocupados. Estamos hablando que la gente necesita de los movimientos sociales para que sus hijos tengan un plato de comida y para que ellos, como papá o como mamá, tengan un lugar donde estar y un plato de comida caliente. Esto es como Darío lo vivía 15 años atrás. Hay cosas que no están bien. Nuestro lugar de lucha son las calles. Es el único lugar que tenemos en el cual podemos ir preparados por un par de vitelas importantísimas.
-AMNMI: ¿Qué cosas se han logrado respecto a la causa?

-AS: Yo hablo especialmente como padre de Darío. Más allá de lo que nosotros pensamos y creemos que va a ocurrir, esto de meter presos a los políticos, también hemos logrado el desarchivo de la causa que el juez (Ariel) Lijo había archivado cuando el fiscal era (Miguel) Osorio. Hemos conseguido por primera vez la perpetua de un comisario federal (Luis Fanchiotti), más allá del beneficio que sigue teniendo. Ahora está con régimen semi abierto. Otro hecho importante es el cambio del nombre de la estación. Se bajó el nombre del genocida de Avellaneda y se puso el nombre de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. No hay que olvidarse de las cosas que uno consigue. Hay que decirlas y mantenerlas siempre presentes para que se vea que con la lucha sí se consiguen cosas.
-AMNMI: ¿Cómo era tu vida política en junio del 2002? ¿Y la militancia de Darío?

-AS: Yo era un tipo muy estructurado. Soy enfermero hace 30 años y trabajo en el Hospital Argerich, acá en La Boca. La mamá de Darío también era enfermera. Nosotros vivimos siempre estructurados en eso de trabajar para que tus hijos tuvieran un jardín de infantes, que vayan a la primaria, a la secundaria y que tengan posibilidades de ir a la facultad. Dari rompe el molde. Si yo tengo que poner a fijarme en qué espejo se miró o de dónde mamó todo eso de la militancia, en mi familia no hay. Yo siempre he sido un laburante. En los genes de Darío, algún antepasado tiene eso que es él. Yo soy un padre que busca justicia. Más allá de la lucha que llevamos adelante, soy muy crítico respecto a la política y quizás desde mi lugar como papá hago política. Con la mamá nunca le pusimos ninguna traba para que el haga lo que sienta. Pasan los años y estoy más que convencido de que estamos con esto de apoyarlo a nuestro hijo con su lucha. Esa lucha que quizás no tendríamos que haberla dado solo desde el lado de la familia sino que también uno debería haberlo apoyado un poco más. Yo me acuerdo que salía del hospital a las dos de la tarde y él los jueves, cuando podía, iba a las rondas de las Madres. Cuando yo le caía tres y pico de la tarde, él me veía llegar y se ponía contento. En cada uno veía una persona a la que podía sumar al movimiento. En cada uno veía potencial. Veía potencial en sus hermanos, en sus amigos, en aquellas personas que conocía. Darío era eso. Cuando lo mataron tenía 21 años y su militancia la tenía desde los 15, 16 años. A los 14 años nos pidió permiso a la mamá y a mí para hacer un curso de primeros auxilios. Después uno ve las pequeñas historias. Unas que me cuentan, otras que las veo, otras que me siguen contando y yo jamás pensé: que una señora venga, me abrace y me diga que pudo terminar el primario gracias a mi hijo,  que pudo estar en el secundario gracias a Darío. Todo eso tiene una gratificación.

-AMNMI: ¿Qué enseñanzas y legado dejó Darío?

-AS: Respecto a eso, si vos ves en las imágenes, cuando Darío vuelve a la estación lo primero que hace es tomar el pulso a Maxi. Es un acto reflejo de él. Cuando tenía 15 años hizo un curso sobre primeros auxilios. Todo es por algo. Como que él tenía algo predestinado. Yo no soy un tipo de sacarme fotos y mis hijos tampoco. Él sí, tenía muchísimas fotos. Tengo muchísimos álbumes de Dari. Hay cosas que parecen predestinadas. Como ‘yo no voy  a estar, pero te dejo este legado’. Pequeñas fotos en las cuales ha ido por un montón de lugares, ha estado con un montón de compañeros y ha conocido muchas provincias. Darío era muy conocido. Por eso mismo yo creo que siempre la política nos pega donde más nos duele. Donde más nos duele son los grandes; una referencia, un cuadro tan importante como es Darío, porque para mí lo sigue siendo. Ese lugar no lo puede ocupar otra persona. Tenemos el orgullo, el honor y el recuerdo. Nosotros sabemos cómo murió Darío, cómo lo mataron a Darío. Lo más importante es recordarlo como vivió. Eso no tiene comparación con nada. Nosotros nos quedamos con la imagen de Darío vivo, con la imagen del Darío cabrón, con la imagen del Darío que se sonreía, con la imagen del Darío que jamás permitía que ningún compañero  ni compañera se quede solo, menos los chicos. Eso hace que a 15 años, por más que quieran invisibilizarlo de todos lados, no pueden. Darío vive. Maxi vive. Vive en mí como papá, como vive en sus compañeros. Cuando se cumplan los 25 años, no  va a estar únicamente la militancia sino que también hay una parte importante de la sociedad que ha marcado exigiendo justicia y que los autores intelectuales como (Eduardo) Duhalde, (Felipe) Solá, (Alfredo) Atanasof, (Jorge) Matzkin, terminen presos. No puede ser que siempre pase lo mismo. Ellos pensaban que quizás nosotros nos conformaríamos con que esto quede como un mero hecho policial. Pero no es un mero hecho policial. Esto son órdenes del Estado. Estamos luchando también por la prescripción. Cuando sabemos que siendo el Estado el que tiene que cuidar, es el Estado el que te mata, tiene que encuadrarse como crimen de lesa humanidad. No tienen que prescribir. Nos quedamos con lo mejor de Darío. He aprendido a lo largo de estos 15 años que en la lucha también hay alegría. Hay mucha alegría y también hay honor. Hay cosas en las cuales uno pone la cara y saca el pecho. Nosotros no nos tenemos que esconder de nada. Todo lo contrario, orgulloso de Darío.
-AMNMI: ¿Qué recuerdo o anécdota tenés de la vida de Darío?

-AS: Cuando estaba en el jardín de infantes, una de sus maestras me dijo que Darío tenía un coeficiente intelectual más allá del común. Su maestra tenía toda la razón, pero su coeficiente intelectual no lo volcó al lado de lo material sino que lo volcó hacia lo que es la búsqueda de tener una vida digna. Lo volcó a lo social y Darío con lo social combatía la política. Recuerdo los abrazos de Darío cuando nos cruzábamos. Teníamos una relación muy especial que quizás traspasaba la relación de padre e hijo. El afecto, el amor; era muy papero, muy pegado a mí. Yo iba a trabajar sábado y domingo a la terapia y el loco se aparecía. Yo atendía a los pacientes y él se quedaba ahí. A veces en las terapias hay mucho laburo y él se quedaba ahí. Siempre traía un libro para leer y ese libro siempre lo traía forrado con hojas de diario. Mis compañeros y compañeras se asombraban por su actitud, esperar sentado leyendo que yo me desocupe. La imagen de Darío sí se agiganta, pero también es una realidad que el tiempo no mata nada, el tiempo hace que uno tenga la ausencia del hijo cada vez más grande. También tenemos el orgullo de cortar calles, de hacer escraches y de llevar bien alto el nombre de Darío. Lo recuerdo cabrón en muchas situaciones, en otras re compinche. Darío fue papá, hermano, amigo, compañero. Darío ha sido todo para nosotros y sobre todo para los compañeros. Ha sido amigo, cumpa, como le gustaba decir. Amaba mucho y cuidaba mucho a las doñas, a las señoras mayores. Por eso siempre tengo esa satisfacción; cuando alguien me cruza, viene y me da un abrazo. Ni siquiera hace falta que me digan nada, con el abrazo siento el cariño, el amor y el respeto que tiene por Darío. No vamos a aflojar en pedir justicia.
-AMNMI: ¿Qué novedades hay acerca de la causa?

-AS: Son 15 años y venimos logrando como querellantes más que el fiscal y más que el juez. Tampoco está bueno, pero evidentemente es la única manera que tenemos de seguir avanzando en esta búsqueda de justicia. Hemos presentado muchos testimonios importantes. Espero que este año tengamos novedades con respecto a sentar alguno de los políticos frente al juez o la fiscal para que tengan la posibilidad que no tuvieron Darío ni Maxi. La posibilidad de defenderse.
-AMNMI: ¿Cuál es su relación con la familia de Maxi?

-AS: Con Mabel, que es la mamá, teníamos una relación excelente. Ella ha estado muy refugiada en Dios y en sus creencias. Yo he estado muy peleado con Dios. Después es el destino. Maxi murió en los brazos de Darío y la mamá de Maxi murió en el Hospital Argerich. Yo la fui a ver a la terapia y la siento como si hubiese muerto en mis brazos también. Con ella nos juntábamos a tomar un café y teníamos largas charlas hablando ella de su hijo y yo del mío y cómo podríamos seguir adelante. En esto, los padres aprendemos a los golpes. Yo no soy político y Mabel tampoco era política. Aprendemos a los golpes. Vemos cómo era antes de que las cosas  sucedan: la justicia no es la que uno piensa y la política no es lo que uno piensa. Lamentablemente hay toda una complicidad. Por eso señalamos la complicidad que hay entre la justicia, la política y la policía. Con Mabel hemos tenido una relación muy estrecha. Con las hermanas de Maxi, probablemente yo esté un poquito más cercano a Vanina Kosteki, pero no tenemos una afinidad para vernos. Respeto a la familia de Maxi por cómo era Maxi. Hacía muy poco que estaba en el movimiento y sin embargo… el tenía un horno en el cual hacía cerámicas y lo donó para que los compañeros tengan para hacer pan para los chicos. Compartimos la lucha, pero de distinto lugar. No sé si es bueno o malo esto, pero yo pienso que el dolor de la familia de Maxi es el mismo dolor que yo tengo como papá de Darío, como tienen Leo y Javi, sus hermanos.
-AMNMI: ¿Qué sentimientos te vienen a la cabeza y cómo recordás aquel 26 de junio?

-AS: Hablar de Darío me emociona. Vienen a borbotones las imágenes de él y su sonrisa. Cuando venía al hospital y salíamos a comer. Esa complicidad que siempre existió. Éramos muy cómplices. Nunca pensé que iba a pasar lo que pasó. Antes del 26, tuvimos una charla y pensamos que sí, iba a haber represión, que algunos compañeros un palazo ligarían, otros irían presos, pero jamás pensamos en que el Gobierno iba a llevar hasta las últimas consecuencias esas palabras de Atanasoff, ‘cruzar el puente es una declaración de guerra’. Evidentemente, no les importó que haya jóvenes, ancianos, niños, mujeres. No cometieron únicamente el asesinato de Darío y Maxi sino que tampoco hay que olvidarse de los 33 heridos de plomo y todo lo que ha significado en muchos compañeros. Esas cosas se superan, por una cuestión lógica, de dignidad, por esa cuestión de ‘no me voy a correr por más que nos caguen a palos, por más que nos amenacen y hagan lo que hagan, no nos vamos a correr’.
-AMNMI: ¿Quién era Darío Santillán?

-AS: Todos conocieron un Darío maravilloso. Un Darío con esa sonrisa y con esos ojos. También encabronado por las injusticias. Él veía la televisión, veía una injusticia y la sentía como si fuese propia. Estas cosas que hablaba tanto Darío del hombre nuevo…Darío se fue y quizás se fue sin saber que él formaba parte de ese hombre nuevo que él tanto veneraba. Son esas cosas en las cuales uno se refugia y se pone más fuerte.
AMNMI: ¿Cuál es hoy tu laburo de militancia, como papá de Darío?

-AS: Cuanta más adversidad, uno más fuerte tiene que estar. Tampoco nos tenemos que olvidar la cantidad de compañeros muertos en democracia, no nos tenemos que olvidar de los pibes en los barrios. No nos tenemos que olvidar de Luciano Arruga, con esas dos mujeres como Mónica y su hermana que llevan adelante una lucha increíble y les ha llevado a que aparezca el cuerpo de Luciano. Son esas cosas que nosotros tenemos que hacer visibles. A mucha gente le pasan estas cosas y tienen miedo por las amenazas. Estas cosas hay que subirlas, hay que decirlas. Hay que darle fuerza a esa gente, que no permitan que ningún poder, ni policial ni jurídico ni político nos callen la boca. Las calles es el lugar que tenemos para luchar. Los abogados en el tribunal, nosotros en las calles. Es bueno esto de remarcar y reafirmar de que con la lucha se puede. Si nos quedamos en una pieza a llorar a nuestros hijos muertos, desaparecidos o asesinados por el Estado o por la policía, estamos jodidos. Uno como familiar por más dolor que tenga tiene que salir y afrontar lo que nos toca por honor a nuestros caídos.
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Darío y Maxi 15 años – Imágenes y Voces de dos jornadas para homenajearlos

“Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Aníbal Fernández, Juan José Álvarez, Alfredo Atanasoff, Oscar Rodríguez, el difunto Carlos Soria fueron los responsables políticos de la gran masacre que se desató sobre nosotros aquel 26 de junio y que terminó con la vida de Darío y Maxi”, enumeró enérgicamente Leo, el hermano de Darío Santillán, desde arriba del camión escenario en el Puente Pueyrredón, este mediodía.
Alberto Santillán apeló a su dolor para trasformarlo en pelea: “Amo a Darío, extraño a mi hijo y si tengo que dejar lo que tenga que dejar, lo voy a dejar, porque Darío como Maxi se merecen honrarlos. Y no es ninguna mochila, es un orgullo, soy el padre de Darío Santillán, no nos vamos a correr, los vamos a meter presos y sino los vamos a ir a buscar”. Finalizó con el puño izquierdo en alto exigiendo: “JUSTICIA CARAJO”, uniendo en un solo grito el presente por los piqueteros asesinados y los 30.000 detenidos desaparecidos.
Fue el final de dos jornadas ya instaladas en el calendario anual para recordar a Kosteki y Santillán. Aquí un informe fotográfico de Agustina Salinas y los registros sonoros de Paulo Giacobbe. (Por La Retaguardia) 

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