viernes, 31 de enero de 2014

Atrapados en la pobreza


30.01.2014 | 02:20
Varias decenas de personas se concentraron ayer con mantas y velas en la plaza de la Virgen de Valencia para protestar contra la pobreza energética. El acto, convocado en Valencia y en otras ciudades por la plataforma por un Nuevo Modelo Energético, denuncia que la bajada de las rentas y el incremento en el precio de la energía, junto con la mala calidad de las viviendas en España, impiden a cada vez más familias mantener la temperatura adecuada (Entre 18 y 22ºC) en sus hogares.
Varias decenas de personas se concentraron ayer con mantas y velas en la plaza de la Virgen de Valencia para protestar contra la pobreza energética. El acto, convocado en Valencia y en otras ciudades por la plataforma por un Nuevo Modelo Energético, denuncia que la bajada de las rentas y el incremento en el precio de la energía, junto con la mala calidad de las viviendas en España, impiden a cada vez más familias mantener la temperatura adecuada (Entre 18 y 22ºC) en sus hogares. 
Martín Quirós Palau  http://www.levante-emv.com/
El título es deprimente, pero es la pura realidad. Veamos los porqués.
Un fabricante necesita materia prima, energía, mano de obra y pagar sus impuestos para producir algo. Y se encuentra con que es impotente contra de tres de esos elementos. No puede evadir sus impuestos laborales y fiscales. Tampoco el precio de la materia prima, porque son los mercados mundiales presionados por la demanda los que lo fijan. Ni resistirse al precio de la energía que lo agobia con subidas periódicas y permanentes.

Por consiguiente solo le queda un elemento en su mano, que son los costes laborales. Y para mantener su competitividad los ha de ir rebajando día tras día si no quiere desaparecer. Así se ha destrozado en poco tiempo toda la clase media que mantenía el consumo.

Hace un par de años la gente se burlaba de los mileuristas como trabajadores del escalón más modesto del empleo. Ahora se les envidia como personas de privilegio que mantienen su nivel de vida y sus compromisos con cierta dignidad. Y ese cambio de opinión es la mejor prueba de nuestro deterioro económico y social.

El problema radica en el error del Estado de implantar fuertes impuestos sobre la energía, matando a la gallina antes de que ponga sus huevos que son la producción, que generaría impuestos en cadena muy superiores a los que recauda gravando en fuente. Y con una energía a 20 céntimos (cts) Kw/h mientras en Francia la pagan a 10 no podemos competir, porque la energía representa entre el 25 y el 40 % del coste de fabricación según productos. Ni competir en los internacionales ni en los internos, porque hoy la economía es global.

¿A quién se le ocurre que algo que vale 38 cts lleve 62 de impuestos, siendo además un producto estratégico imprescindible en la cadena de fabricación? Eso es la electricidad.

Hay que reconocer que la reforma laboral fue dura. Pero lo tremendo del caso es que todo el ahorro empresarial que produjo, se lo ha llevado por delante el aumento del precio de la energía. Por eso estamos peor que antes.

En la electricidad hay dos elementos a pagar. La energía contratada y la consumida. El otro día compareció un cuentista oficial diciendo que había bajado 0,03 cts. Era la consumida. Pero se calló que desde enero de 2012 a diciembre de 2013 nos habían subido casi el 70 % el precio de la contratada. Es decir la que se paga aunque no se gaste. A funcionarios de esa calaña hay que fulminarlos con la destitución, porque nos toman por analfabetos a los que se engaña impunemente. Valiente cara la del ciudadano que además cobra de nuestros impuestos. Ese es el problema. O los gobiernos rebajan radicalmente el precio de la energía o no van a crear empleo.

Lo vemos ya en las tiendas, que atenúan su iluminación y anulan su climatización, porque no pueden pagar más. Y así poquito a poquito vamos bajando nuestro nivel de vida y nuestros logros económicosociales conseguidos en medio siglo.

Tampoco es admisible que los carburantes soporten un 52 % de carga impositiva, cuando el precio del transporte influye en el coste final de los productos.

Así nos va. Sin crear empleo y sin que se vea futuro. Porque a ese paso lo más que haremos será bajar el paro en un par de puntos con empleos a 700 euros. Y punto.

Ahora viene la segunda parte que no deja de ser curiosa ¿Cómo es comprensible que ni los empresarios ni los sindicatos levanten la voz para evitar este rápido declive que se nos lleva por delante? Es como una conspiración de silencios. Porque aquí no se salva nadie y al final vamos a quedar dependientes de los mercados exteriores y de sirvientes para el resto del mundo. Porque se avecina lo mismo que nos preparaba Hitler. Ser los sirvientes baratos para Europa, aportando la agricultura, el clima y el trabajo. Y los turistas sentados en nuestras terrazas pidiéndonos una cerveza y gambas a la plancha.

Pero eso sí. El Estado seguirá recaudando y gravando sobre lo más necesario para el desarrollo la energía, matando de hambre a la gallina de los huevos de oro. Por eso 20 fortunas se comen a media España. Y es que estamos en un país de listorros.

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