viernes, 31 de enero de 2014

‘Ejecución hipotecaria’, obra de teatro dirigida por Adolfo Fernández, reflexiona sobre la legitimidad de la violencia ante la injusticia social


Recibir al banco a mano armada

‘Ejecución hipotecaria’ reflexiona sobre la legitimidad de la violencia ante la injusticia social

Está basada en el asesinato de cuatro personas en Alemania por el hombre que iban a desahuciar

Ensayo general de 'Ejecución Hipotecaria' en la sala Mirador de Madrid. / LUIS SEVILLANO
 “¿Sabéis cuál es la diferencia entre vosotros y yo?”. Los secretarios judiciales, el policía y el cerrajero titubean, dudan. “Que tú tienes un arma”, contesta temeroso uno de ellos a Charly, el desahuciado que espera su lanzamiento desde hace meses. “No, que vosotros tenéis trabajo”. Estas frases contienen el planteamiento de Ejecución hipotecaria, dirigida por Adolfo Fernández, que se representa en el CNC-Sala Mirador desde mañana 30 de enero hasta el 16 de febrero.Cualquiera puede ser Charly, el desesperado, el que decide tomarse la justicia por su mano, siempre que cumpla una condición: no tener nada que perder.
La historia del perdedor que se rebela, de la víctima armada, plantea ciertos peligros en la puesta en escena. ¿Cómo no ponerse, inmediatamente, del lado del que sufre, y dedicar la obra a contar sus desdichas? “Hemos querido mirar como lo hace Ken Loach. Al basarnos en un hecho real es más fácil no moralizar”. No hay discusión sobre si la historia de Charly podría aparecer en los papeles mañana mismo. Charly ya ha sucedido, en la ciudad alemana de Karlsruhe, en el verano de 2012. Entonces, un hombre de 53 años tomó como rehenes a la comitiva que procedía a desahuciarle de su vivienda para dársela al nuevo propietario, los asesinó y después se suicidó.
Ensayo de 'Ejecución Hipotecaria'. / LUIS SEVILLANO
“Charly no es un psicópata, no está loco. Pero tampoco es un héroe”. El personaje que encarna Juan Codina (premio Max por En la luna, de Sanzol), en efecto, no lleva capa. Su macarrilla de barrio, un loco de The Clash que ha oído el London Calling sin pisar nunca Inglaterra, es entrañable. Pero no inocente. El público debe, o no, eximirle de su culpa, como debe elegir si perdonar o no a sus verdugos. “Son personas igual de desesperadas que él, que, al temer por su vida, le ofrecen todo lo que tienen: su cuerpo, dinero, su dignidad”, explica Fernández.
La abogada de la banca (Sonia Almarcha), los funcionarios (Susana Abaitua e Ismael Martínez) e incluso el cerrajero (Rafael Martín), emigrado a España en busca de un mundo mejor. Todos tratan de ser absueltos refugiándose en su falta de responsabilidad (“¿Tú también vas a decirme que eres un mandado, como todos?”, pregunta Charly a uno de sus rehenes). Frente a ese Terror y miseria en el Tercer Reich, la respuesta de Charly, una suerte de Meursault, de El extranjero, que se hubiera colado entre Los justos de Camus. Si todo está perdido, ¿qué más da una vida más o menos? Y, en cualquier caso, ¿no debe la injusticia cobrarse las vidas que sean necesarias para resarcirla?
A K Producciones, la compañía que ha parido esta obra sobre el tristemente conocido relato inquilino-banco, no le tiemblan las manos a la hora de meterse en el fango de la actualidad, y llevan años bregando con el teatro político y social. Si con Naturaleza muerta en una cuneta(2012) analizaban, en clave de thriller policíaco, los juicios mediáticos, con 19:30 (2010) reflejaban, con una puntería de adivinos, la trastienda de la corrupción en los dos principales partidos políticos. Siempre respetando las máximas autoimpuestas por el grupo: representar textos de actores contemporáneos que produzcan en la actualidad y, más importante, hacerlo desde la toma de partido.
“¿Cómo no hacerlo?”, se pregunta Fernández, y recuerda que él mismo conoce casos similares de primera mano. “Pero todo esto no se computa, y al final no sabemos cuánta gente toma este tipo de decisiones desesperadas por la crisis. El lugar donde comience la violencia queda en manos del espectador”.

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