viernes, 31 de enero de 2014

¿En España se vive bien? ¿Seguro?

| MIÉRCOLES, 29 DE ENERO DE 2014  

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El término “pleno empleo” ha sido habitual en el debate político estadounidense a lo largo de los últimos sesenta años.

En la España reciente, la tasa de paro solo ha bajado del 10% entre 2005 y 2007. En la actualidad es del 26,03%.

Cuando alguien dice aquello de “como en España no se vive en ningún lado”, ¿en qué está pensando en concreto?

Obama durante su discurso del estado de la Unión este martes / Getty
Obama durante su discurso del estado de la Unión este martes / Getty

CRISTIAN CAMPOS
Me había prometido a mí mismo escribir algo sobre el artículo Vuelve el matojo, publicado hace una semana en eldiario.es y firmado por Lucía Lijtmaer. El texto se pregunta en su subtítulo qué tendrá que ver la abundancia o la ausencia de vello púbico con la liberación o la represión de las mujeres y se responde a sí mismo que "al parecer, todo". No me digan que no les llama. Esto del feminismo se está poniendo cada vez más interesante. Acabarán organizando los mítines en el Zara. Y que quede claro que no lo digo por Lucía Lijtmaer, que a fin de cuentas solo está aludiendo a un debate inventado por otros, sino a los marcianos y marcianas que han dedicado dos minutos de su vida a debatir los intríngulis subliminales y los meandros políticos y los maquiavelismos ocultos de la depilación femenina.
Pero a mí, más que la vuelta del matojo, lo que me motivaba era uno de los comentarios de los lectores que rezaba, y cito literalmente, "puro marketing imperial, ¿los puritanos de mierda que exportan todo su porno allá donde pueden son los que van a dictar los gustos de la gente en todo el mundo?".
Anda que no hay donde rascar. El marketing imperial de unos puritanos que exportan porno para manipular los gustos de los habitantes todos del planeta Tierra y convertirlos a la religión del depilado total es un argumento infinitamente más épico, intrigante y bombástico que el de El Señor de los Anillos. En el papel de los orcos, cientos de miles de treintañeras estadounidenses imperialistas con una entrepierna niquelada, lustrosa y fulgurante como la explosión de una supernova. Una de esas entrepiernas que podrías utilizar como espejo a falta de uno de verdad. ¿Quién no se ha topado alguna vez con una de esas? En el papel de los elfos, decenas de miles de francesas con los pelos del sobaco asomando por el cuello de la blusa tal que si escondieran una docena de wookies en el canalillo. En el papel de Sauron, Sasha Grey.
Pero hoy no voy a escribir del matojo. Así que escribiré de mi segundo tema preferido. Léase, España.  
El caso es que el lunes andaba leyendo la revista New Republic y me topé con un artículo titulado Pleno empleo: las dos palabras que Obama necesita decir esta noche. Cuando el texto, escrito por Mike Konczal, habla de "esta noche" se está refiriendo, claro, al discurso sobre el estado de la Unión.
El pleno empleo, que coincide con una tasa de paro igual o inferior al 5,5%, es ese punto del mercado de trabajo en el que todo aquel ciudadano que quiere trabajar encuentra un empleo en un plazo de tiempo razonable. Por razones obvias, el pleno empleo refuerza la posición negociadora de los trabajadores y les garantiza salarios mucho mayores que aquellos que se pagan en un Estado sin pleno empleo. En su discurso del estado de la Unión de 1946, Harry Truman usó el término dieciséis veces. Por aquel entonces se consideraba que el deber del Gobierno era garantizar el pleno empleo para sus ciudadanos. El artículo de New Republic recuerda también que el término fue utilizado de nuevo por Lyndon Johnson en 1965 y por Richard Nixonen 1971 y 1972. Ronald Reagan lo recuperó en 1986, aunque en un sentido ligeramente diferente. El pleno empleo ya no era durante la década de los ochenta algo que dependía del Gobierno sino una escalera a la que podían subir todos aquellos americanos que lo desearan. El pleno empleo había dejado de ser algo que el gobierno creaba para convertirse en el resultado del esfuerzo individual de los ciudadanos. La idea de fondo era que el empleo estaba al alcance de cualquiera que lo quisiera. Así, el desempleo pasaba a ser la consecuencia de una deficiencia personal del ciudadano. Pereza, torpeza o idiotez. Escojan.
Pero lo interesante no es tanto el cambio del sentido del término pleno empleo como el hecho de que esas dos palabras hayan sido protagonistas habituales del debate político en los EE UU a lo largo de los últimos sesenta años. O lo que es lo mismo: en los EE UU el pleno empleo no ha sido considerado como una utopía inalcanzable sino como un objetivo factible a lo largo de más de medio siglo. En España el pleno empleo fue algo más o menos concebible entre 2005 y 2007, cuando la tasa de paro llegó a bajar hasta el 8,3%, aunque volvió a su estatus mítico habitual al recuperar el nivel del 20% que ya habíamos gozado fino durante la mayor parte de la década de los noventa.
Y por eso me sorprende cuando vuelvo a leer por ahí eso de "como en España no se vive en ningún lado". Hombre, hombre. ¿Cómo se va a vivir bien en un país con una tasa de paro superior al 25%?
Vamos a suponer, para racionalizar el debate, que los lugares donde mejor se vive son aquellos en los que más gente quiere vivir cuando tiene la posibilidad de escoger. De acuerdo a ese criterio, en España se vive bien en Barcelona, en la Costa Brava, en las Islas Baleares, en Madrid y en algunas zonas costeras de Andalucía. Que es adonde se van a vivir los británicos, los franceses y los alemanes cuando se jubilan. El resto de España, más allá de enamoramientos marcianos y estadísticamente anecdóticos del raro de turno, es intrascendente. Que conste que este criterio deja también fuera de juego muchos países muy admirados por la progresía patria y a los que yo no enviaría a vivir ni a mi peor enemigo. Léase Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca y, por extensión, Alemania, Holanda, Bélgica y demás.
Un parado a la salida de una oficia de empleo / EP
Un parado a la salida de una oficia de empleo / EP
Pero por supuesto el problema de muchos españoles es que no tienen la opción que sí tienen decenas de miles de jubilados británicos, franceses y alemanes. Es decir, la de escoger vivir en España o no. Personalmente me resulta inconcebible que alguien pueda estar convencido de la bondad de una situación X cuando se carece de la libertad o de la opción de escoger una situación alternativa Y. Así que, cuando alguien habla de que en España se vive bien, ¿de qué está hablando en concreto? ¿De nuestra tasa de paro africana? ¿De ese entrañable urbanismo de la escuela albana que convierte las ciudades españolas, más allá de sus centros históricos, en auténticos engendros satánicos de cemento y ladrillo? ¿De la calidad de nuestro sector público? ¿De la de nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros reyes, nuestros sindicatos y nuestros funcionarios? ¿Cuántos países han visitado los que dicen que en España se vive bien? ¿Son conscientes de los salarios, el precio de la vivienda y la calidad de vida real de australianos, estadounidenses o canadienses?
A ver si va a resultar (creo que esto ya lo he escrito alguna vez) que en España se vive bien por todos aquellos detalles que no dependen de los españoles. El clima, las playas y el mar. Alguien debería explicarle a los españoles que dicen que en España se vive bien que incluso esos pequeños detalles, los del clima, las playas y el mar, quedarán reservados para unos pocos si seguimos conformándonos con la pedrea del tipismo. 

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