viernes, 31 de enero de 2014

“No tengo nada que perder. Si muero en la calle, que mi hijo sepa que luché por su techo”


OLIVIA CARBALLAR / Sevilla / 30 Ene 2014 1
Carmen, enfermera, le toma la tensión a Toñi en su primer día de huelga de hambre. // LAURA LEÓNCarmen, enfermera, le toma la tensión a Toñi en su primer día de huelga de hambre. // LAURA LEÓN
13-8 de tensión, 0,86 de azúcar y 76 pulsaciones por minuto. “Todo está correcto, aunque el nivel de azúcar indica que tendrías que comer ya”, dice Carmen, enfermera. “Qué va, qué va. Yo aguanto. No me he encontrado nunca mejor que ahora. Soy fuerte y a mí no me hunde nadie. De aquí no me menean”, responde Toñi, que ni se ha dado cuenta del pinchazo en el dedo. Ella es una de esas mujeres a las que el movimiento antidesahucios les ha hecho sentirse poderosas y libres. Tras 20 años en el Vacie, el mayor asentamiento chabolista de Sevilla, y una vida sometida a la violencia machista, Toñi Rodríguez, con su hijo, se lanzó a la calle. Este jueves ha iniciado una huelga de hambre en una nueva protesta de los casi dos años que lleva luchando por una vivienda digna junto a sus compañeras de la Corrala Utopía. “O Ibercaja retira la orden de desalojo del edificio y nos ofrece un alquiler social o me quedo aquí hasta que nos echen”, dice rotunda delante de la sede de la entidad propietaria del edificio de viviendas.
Es el último recurso que les queda después de un sinfín de reuniones entre las administraciones y la entidad para evitar el desalojo, que esperan que se produzca, como muy tarde, en un mes. “La jueza vino a tomarle declaración a mi padre, que está enfermo, y nos dijo que o nos íbamos por las buenas o el desalojo sería forzoso. Yo le dije que muy bien, pero que dónde nos íbamos si no tenemos casa“, explica Toñi, 45 años, sentada junto a una mesa. Algunos transeúntes pasan más deprisa que el tranvía; otros, se paran a firmar y a comprar chapas y camisetas. Un euro la chapa, ocho la camiseta. “Yo voy a resistir hasta el final”, afirma Manuela Cortés, 66 años, vecina también de la Corrala que aguarda junto a cinco tiendas de campaña. Ahí tienen previsto dormir las próximas noches. Otro grupo de mujeres, cuentan, están protestando en Zaragoza, sede de Ibercaja.

http://www.youtube.com/watch?v=kq5pn_Fe68g (video)


Se han pateado las calles en manifestaciones, han explicado su drama en las universidades, se han encadenado, han llevado sus preocupaciones hasta Europa… Por ellas y sus familias y por las demás personas que sufren esta misma situación. Su lucha nunca fue individual. Siempre fue concebida como una batalla colectiva. No se trataba de ayudar a 15, 20 o 30 familias, sino de pelear para que todo el mundo tenga un techo. Ni casas sin gente ni gente sin casa ha sido uno de sus lemas principales en todo este tiempo en el que, según el Banco de España, no sólo han seguido produciéndose desahucios, sino que la cifra incluso ha aumentado.
“Es que es increíble”, comentan entre ellas mientras esperan noticias. La única preocupación que tiene Toñi ahora mismo no es su tensión, ni su nivel de azúcar ni sus pulsaciones: “Yo no tengo nada que perder. Si voy a morir en la calle, que mi hijo se sienta orgulloso de su madre, que ha luchado para que él tenga un casa digna”.

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