jueves, 26 de febrero de 2015

Inmigrante en 2011. Inmigrante en 2015




https://medium.com/espanol/inmigrante-en-2011-inmigrante-en-2015-26b488b00235Inmigrante en 2011. Inmigrante en 2015

De cómo el español pasa de recibir sonrisas, a palmadas en la espalda.







Mi primer día


Aterrizamos en Frankfurt, o Fráncfort para ser más catellanos, pasado el medio día de un 27 de Agosto de 2011. Me acompañaba mi hermano, era la segunda vez en mi vida que pisaba suelo no-español. Desde el avión: rascacielos reflejados en un río apaisado tan grande como para hacerte olvidar el mar. En los alrededores, prados verdes y bosques opacos. Para alguien nacido y crecido en La Mancha, choca.
Llegué con unas pocas nociones de alemán y poco más de 1.000 euros para llegar a mi destino Erasmus, asentarme e ingeniármelas. En el autobús para abandonar el aeropuerto, con no sé cuantos kilos en maletas, mi hermano intentó pagar con un billete de 50€ que un alemán alto, rubio y bien peinado tuvo que cambiarnos.
Hice todo lo que ahora me sonroja, pero jamás me sentí mal. Cuando tocaba hablar, tiraba de lo que en España era un nivel “alto de inglés” para decir de donde venía y, casi automáticamente, recibir una amplia sonrisa y un chapurreo de lo que debía ser alguna frase en castellano.
Lo de Fráncfort ya me chocó: un número increíble de gente en bicicleta, la orilla del río llena hasta la bandera de gente joven, niños, y mayores. Por allí, los restos del casco antiguo que dejaron los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, por allá, el centro económico de Europa.
Se respiraba alegría y en cada esquina, en cada rincón, te recibían con una sonrisa sin importarles realmente de donde vinieras.
Tras ver Frankfurt, tocó poner rumbo hacia el sur, hacia Bamberg, Baviera. Se trataba de uno de los ICE, una especie de tren de alta velocidad algo más caro que los tradicionales regionales, con más lujos, puntuales y cómodos. En el vagón nos encontramos con una simpática pareja de señores que se preguntan de donde éramos: “From Spain!”. La respuesta despertó la simpatía de la pareja, curiosos por la aventura que tenía por delante. Poco después apareció una pareja de la policía. Recuerdo mirarlos fijamente y pensar: “ya hemos hecho algo”. Les dimos nuestro DNI… y los tickets, por si acaso, pero buscaban a otra persona.

Bamberg




Bamberg es una ciudad de ensueño, un lugar apartado, silencioso, agradable, amable, extremadamente bello, con un ambiente mágico difícil de describir. Llegamos al hotel de este pequeño paraíso, donde en pocos días, el primero de septiembre, comenzaría oficialmente el año Erasmus.


Recuerdo buscar entre sus calles medievales la residencia donde me quedaría los próximos nueve meses. En pleno centro de la ciudad, en el corazón de un área de 142 hectáreas de Patrimonio de la Humanidad. A mi estúpida mente manchega, el espectacular edificio con vigas de madera no le terminaba de gustar. Estúpido.


Las peripecias vividas dan para un libro. Conocí el mundo o, al menos, Europa. Aprendí a situar en el mapa ciudades, capitales y países que antes sólo había visto en libros de historia. No paré de viajar ni un sólo fin de semana y nunca tuve ni un sólo prejuicio sobre la nacionalidad de la gente que conocía. ¿Turco? ¡Qué guay! ¿danés? ¡cómo mola! . Siempre nos tratamos como iguales, perfecta convivencia en entorno multicultural.


¿Y sobre mi país? Decir que era español era: 1) la mejor estrategia para ligar 2) una ventaja por hablar un idioma tan bonito. Tanto jóvenes como mayores se interesaban por saber más y se esforzaban por hacerte saber dónde habían estado y lo que habían aprendido a decir.

Puto Bailout





Todo iba bien hasta que un día de verano en 2012, en televisión, contaban cómo España acababa de recibir el rescate. Este instante cambió la imagen de España y los españoles para siempre. Tras el anuncio, fue imposible no ver las portadas de los diarios alemanes: P.I.G.S, nos llamaban. De la noche a la mañana, el español pasaba de ser el perfecto anfitrión para las vacaciones del alemán, a ser un ladrón vago y corrupto.
Han pasado tres años desde entonces y la situación sólo ha ido a peor. El exilio masivo promovido por el paro, un gobierno inepto y los programas de Españoles en el Mundo, ha creado cierto recelo hacia el inmigrante español. Donde antes había cinco, ahora hay cincuenta. Nuestro pésimo inglés es ya una vergüenza y nuestro acento en alemán ha dejado de ser mono y atractivo.

Viena, 2015





Llega el turno de presentarme en el clase de alemán. “[…] ich komme aus Spanien […]”. El portugués sonríe. El polaco, el egipcio, la húngara, la rusa, la chica de Praga, la croata y hasta la estudiante de Albania me miran como diciendo:lo siento.
Las siguientes preguntas, más que preguntas, son un intento de adivinanza de las razones que me llevaron a salir de España. ¿Es que no tenía suficiente comida? ¿tus padres te echaron de casa? ¿comías niños debajo de un puente y ahora buscas un futuro mejor?
Con el rescate no sólo firmamos una sentencia. Con el rescate se acabó el lujo de no ser juzgado.

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