viernes, 17 de febrero de 2017

La ideología de la Justicia

http://www.votaycalla.com/transicion-ideologia-justicia/#.WKcQpzs1_IU



Ahora que están tan de moda las trilogías, y visto el éxito de taquilla de La ideología de la Policía y La ideología de los medios, me quito la mordaza para escribir la tercera parte: La ideología de la Justicia.
No pidáis precuelas, que no sé cómo está la conexión a Internet en Alcalá Meco.

LA IDEOLOGÍA DE LA JUSTICIA: DE AQUELLOS POLVOS

Empezaremos con un poco de historia reciente, franquismo y Transición, para comprender de dónde venimos y por qué vamos adonde vamos, a no ser que hagamos algo por evitarlo.
España es un país peculiar. No porque sigamos disfrutando maltratando animales, o nos guste echarnos un ratico después de comer: en los años cuarenta, cuando el fascismo de Hitler y Mussolini era derrotado tras la Segunda Guerra Mundial, aquí, el protegido de estos, un tal Francisco Franco, alcanzaba el poder tras dar un golpe de Estado.
Ni EEUU, ni Francia, ni Reino Unido, nadie movió un dedo por ayudarnos (como Estados) a no caer en ese agujero, ni por sacarnos de él después. Y así nos pasamos 35 años, a oscuras en una negra topera donde, como en el juego aquel, al que asomaba la cabeza le caía encima el garrotazo.
Durante ese tiempo, en el que miles fueron asesinados, torturados, vejados, la incautación de bienes públicos y privados reportó jugosos beneficios a los vencedores de una guerra que habían provocado ellos mismos, en parte con ese fin.

La familia Franco recibió una herencia multimillonaria tras la muerte del «Generalísimo», una inmensa fortuna: dinero, empresas, tierras, bienes inmuebles, obras de arte, cuentas en paraísos fiscales… A los Franco y a los Martínez-Bordiú les ha salido muy rentable estar emparentados con un dictador criminal. Su progenie ha conseguido esquivar la maldición bíblica por mucho, mucho tiempo. Esas frentes no sudarán como no sea en la sauna.

El baño de oro que se le dio a la Corona sirvió para que generaciones de borbones puedan vivir a cuerpo de rey. Por si fuera poco, los españolitos les seguimos pagando suculentos sueldos y costeando su lujoso tren de vida.

Por cortesía del franquismo al que sostuvo, la Iglesia católica española engordó sus ya de por sí obscenos bienes. Así le ofrecía Franco el Concordato al Vaticano en una carta a Pío XII:

Asegurarán una pacífica y fecunda colaboración entre la Iglesia y el Estado en España. (…) Seguro de su comprensión y benevolencia, postrado ante Su Santidad, besa humildemente vuestra sandalia el más sumiso de vuestros hijos.

Y tan fecunda, como que la colmaba de privilegios, económicos y de toda orden.
El Papa, por su parte, embelesado por el tintineo de las monedas y las cosquillitas en los dedos de los pies, se refirió a la España del dictador como «Nación elegida por Dios, baluarte inexpugnable de la fe católica».
A la Iglesia, cobrando, le da igual apoyar a Dios o al Diablo. También firmaron el Concordato Imperial con el amigo alemán de Franco, el del bigotito a lo Chaplin, y consiguieron que Mussolini les cediera nada más y nada menos que una porción de Roma para disponer de un Estado propio, la Santa Sede, en la Ciudad del Vaticano. Hay que tener amigos hasta en el infierno.

Al contrario de lo que sucedió, por ejemplo, en Argentina (cuya depuración fue incompleta, pero al menos se dio la tentativa), a los encargados de ejercer la represión física en el franquismo (de la mental, del adoctrinamiento, se encargaba la Iglesia), a los miembros del Ejército, la Policía y la Guardia Civil al servicio de la dictadura no se les juzgó por sus asesinatos y torturas al llegar la democracia. Ni siquiera se les apartó del cuerpo. Es más, varios fueron ascendidos o condecorados. Estos angelitos de uniforme tienen el futuro asegurado, un retiro dorado en el que contarles a sus nietos cómo colgaban de las muñecas a embarazadas para practicar boxeo con sus vientres.
Estos son los que formaron y siguen formando a las siguientes generaciones. En 2013 (no hablamos de tiempos antiguos ni viejas heridas), en 2013, ojo, supimos por algunos medios que Emilio Hellín Moro, el verdugo del cruel secuestro y asesinato de Yolanda Gómez, estaba contratado por el Ministerio del Interior como asesor de la Policía, la Guardia Civil y otros cuerpos.
¿Debemos extrañarnos entonces de ciertos tics de las llamadas fuerzas del orden?

Gracias al expolio de lo público y de los bienes privados de los rojos, que durante décadas no tuvieron ningún derecho, una serie de empresarios y banqueros ganaron mucho dinero. Siempre es útil ser amigo de un dictador, no hay que preocuparse de concursos públicos, burocracias absurdas ni derechos de los trabajadores. Es más, contaban incluso con mano de obra esclava. ¿A quién le preocupa la competencia?
Aunque su éxito no tiene mayor mérito, ya hay que ser muy torpe para no hacerse rico así, los hijos y nietos de quienes se lucraron de esta forma, que lo único que han hecho por su parte es heredar estas empresas, ensalzan la memoria de sus familiares y se llaman a sí mismos «emprendedores».

Los ministros y «políticos» franquistas pasaron por la sala de maquillaje y se transformaron en demócratas.
Muchos terminaron en consejos de administración de grandes empresas, que pagaban de esa forma los servicios prestados. Las puertas giratorias se engrasaron con la sangre de obreros, sindicalistas o maestros.

Lo mismo ocurrió con los jueces que dotaron de una apariencia de legalidad a las pantomimas procesales de la dictadura: siguieron en sus puestos, y ahora copan altos estamentos del poder judicial.
Varios están en el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. ¿Cabe sorprenderse, entonces, de la impunidad de la que gozan los corruptos en España? ¿Y de la doble vara de medir, de la persecución ideológica?
Para darle otro toque siniestro, en la magistratura, como en la política, proliferan los fanáticos adeptos a la secta del Opus Dei. Así estamos.

LA «MODÉLICA»TRANSICIÓN

En la Transición se hizo lo que se pudo. La democracia, como el animal encerrado y criado a base de palos, tenía miedo de salir de la jaula, miedo de todo y de todos.
Ese animal apaleado durante cuarenta años, temblaba al pensar que el Ejército se sintiera molesto y volviera a ponerse del lado del amo. De ese modo, nunca se quitarían de encima el yugo.
La izquierda (los demócratas) aceptó, transigió y «traicionó» lo que hubo que traicionar para asegurar la democracia.
REFERÉNDUM CONSTITUCIÓN PCE CARTEL SÍ
Cartel del PCE de 1978


Con el ruido de sables chirriando como un millón de cuchillos resbalando sobre el plato, la izquierda se tragó toda la comida, rebañando hasta la monarquía, con tal de que se aprobara la Constitución, que se veía, y tal vez era así, como la única vía de salida de aquella negra topera.
—¿Queréis Constitución con monarquía, o volvemos a lo de antes?
—Bodadquía, bodadquía.
Si chupar un caramelo de menta te aclara la garganta, chupar una pistola te aclara las ideas.

Transición española, referéndum, monarquía

Una cosa es aceptar la chapuza que se pergeñó para salir del paso, y otra tragar con el cuento de esa Transición «modélica», ejemplo para otros países, con la que los medios, los herederos del franquismo, la izquierda tibia y los que se ganan la vida citando a Suárez han conseguido, a fuerza de machacar con su gota malaya, inundar los cerebros de los españolitos.
La verdad está muy lejos de eso. Ni modélica, ni pacífica. Si hay que ponerle un complemento, combina mucho mejor con impuneImpunidad, violencia y miedo.
Se hizo lo que se pudo entonces, del 75 al 78. Pero después nos comimos las uvas de 1988, las de 1998… Ya no había miedo, pero tampoco se revisó nada. Llegó 2008, y todo se dejó tal cual estaba, como labrado en piedra.
La Constitución, redactada y aprobada entre presiones de todo tipo, en unos días en los que los «padres» apenas se podían oír entre ellos por el estruendo de tiros y bombas (casi 600 asesinatos entre 1975 y 1983), pasó a ser inmutable, sacrosanta. La monarquía, incuestionable.
Cuando Juan Carlos I abdicó en 2014, se negaron a celebrar un referéndum. Según ellos, la monarquía ya se había votado con la Constitución. Era un paquete, un dos por uno en Burger King. Saben que, si nos hubieran dado a elegir, habría salido perdiendo la Corona. En 2015 y en 1978. Así que no nos dejaron opinar entonces, ni nos dejan ahora. La democracia está sobrevalorada.

Se les ven las feas costuras. La Constitución, que era tan difícil de reformar que mejor ni intentarlo, tan delicada que de tocarla se nos podía caer toda la casa encima, nos decían, fue modificada en un pispás en 2011, sin preguntar a nadie, sin líos de consensos ni necesidad de complicados trámites burocráticos. Un acuerdo entre los dirigentes (a las bases, que les den) de dos partidos. Se tardó lo que Zapatero y Rajoy necesitaron para echar una firma.

Viñeta Constitución Española, Eneko, humor, Transición

Estamos en 2017. Han pasado cuarenta años y el franquismo sigue sin estudiarse en los colegios, por miedo a herir susceptibilidades.
Ya está bien, ya-está-bien. Recordar que la Transición fue un apaño, un bote salvavidas lleno de parches en el que escapar de aquella isla desierta que era España en la Europa de finales de los setenta, no significa olvidar sus logros. Esa es una manipulación interesada de los que salieron de la dictadura a regañadientes (tras mucho pelear, sólo 8 de los 16 diputados de Alianza Popular, actual PP, votaron a favor de la Constitución en el 78), y de la izquierda oportunista, a la que tan bien le vino el clima de miedo para hacerse con el poder en el 82. Vamos a votar a estos, que así los señores de los bigotitos y las pistolas igual no se cabrean tanto.
Pero no se puede seguir circulando siempre con una rueda de repuesto.

No es que Franco dejara todo bien atado, es que lo dejó blindado, con alarma, sensores de movimiento y perros guardianes.
No les bastó con la infame amnistía del 77, que regaló la impunidad a tanto criminal, que liberó a asesinos que mataban pistola en mano a los manifestantes que, tras la muerte del dictador, se atrevían a pedir libertad. No les bastó con eso, sino que, en el colmo del recochineo, los condecoraron e incluso los integraron en el sistema, como hemos dicho. Y ahí siguen.
Como también fue un recochineo intolerable el funeral de Fraga en 2012. Este ministro franquista, fundador del PP, que nunca se arrepintió ni pidió perdón por los crímenes de la dictadura, fue despedido con una pompa y un boato que daban arcadas, elogiado como padre de la Constitución y conseguidor de la democracia por lo más granado de nuestra clase política y monarquía.
España es el mundo al revés.

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